"Esthercita y Mimí como Ninón"...

Homero Manzi

 

EL SOL TAMBIEN FESTEJA.

 

-Somos las yirantas del barrio vecino/somos las yirantas del barrio vecino/ y el que no nos vio/ y el que no nos vio/ que se tome veneno por vino/ que se tome veneno por vino.

La canción, plagiada en música y con letra de sospechosa autoría por parte de Ramona -alias Renée-, sorprendía la habitual soledad del Bajo a las cuatro de la mañana. Estaban de festejos: el cumpleaños de Norma -autenticidad demostrada -podía celebrarse únicamente a esas horas, ya dejados los cafetines de 25 de Mayo, con los oídos limpios de aquellas confesiones repetidas hasta el cansancio, memorizando el número de copas tomadas por el cliente, -eterno tema de discusión con los dueños, a la hora de las liquidaciones-. Sólo faltaban dos del grupo -Ema y Rosa- exitosas en la tarea del enganche.

El canto se repetía desde la plaza, entre polleras levantadas, cabellos desordenados, empujones y palabrotas. Hasta el Sheraton enrojeció. Faltaba un relator de fútbol que se quejara de la mala imagen que del país recibían los ilustres visitantes del majestuoso hotel, len vísperas del Mundial 78.

El hambre las calmó. Extendieron unos diarios sobre el pasto y se dieron a la tarea de comer los sandwiches sobrantes y las medialunas fresquitas tomadas de la canasta del galleguito, amigo de la panadería. En el centro, el botellón de vino rosado.

La festejada andaba medio tristona. Y lo declaró:

-Treinta y cinco, parece mentira.

La Rusa, pese a su reconocida experiencia, agravó el lamento de la compañera de pieza.

-Y una semana que no levantás nada.

Y concluyó por razonar:

-Esta piba se equivocó de profesión. A todos les decís las mismas palabritas con los brazos cruzados. No. Así no va. Haceme caso. Elegite alguno de la feria y al casorio.

La oradora se incorporó para recomenzar la charla:

-Lo digo en serio. ¿No saben lo que hace antes de acostarse? ¿Quieren que les diga?

-Callate Rusa. No seas idiota.

-Yo les cuento. Total. ¿Qué tiene de malo? Antes de...

Norma le tapó la boca con la mano. Forcejearon un rato y cuando parecía haber llegado la paz, la Rusa recomenzó:

-Bueno. La señorita, después de lavarse la cara...

Y allí Norma echó a correr no cediendo ni ante los gritos de las otras compañeras que terminaron por quejarse de la culpable.

-Era el cumpleaños de ella.

-A la final te hubieras callado la boca.

Pero la curiosidad femenina pudo más y se pidió la confesión en disputa.

-Bueno. Cosas de la piba ésta, ¿no? Tiene una muñeca. Y la cambia, le habla y a veces se duerme con ella. ¿Estará piantada?

Hubo toses, miradas al suelo, cambios de posición, puchos encendidos, hasta que la Zulema -alias Licet- se quejó:

-Levantemos campamento. Se está haciendo de día. Por ahí viene el sol.

Y señaló el presunto lugar de la aparición.

-¿Sabés que dice la Norma del sol? Que es un macho inútil.

Allí estaba Norma sobre la cama, de cara a la almohada, llorando a moco tendido. La Rusa se fue disculpando:

-¡No te la tomés así! ¿Querés que te pida perdón? Ahí está. Perdón.

Y le acarició los cabellos.

-En serio piba. Perdoname.

En un rincón de la pieza, la mentada muñeca vestida de paisana, parecía ausente de su culpabilidad. Se levantó para buscarla y sin temores la apretó contra el pecho. De la mesa de luz común extrajo la petaca de whisky y con ella en la mano fue por una cucharita. Sirvió en ella y fue intentando en vano que bebiera en su honor. Su cerrada boca de trapo iba expulsando hacia abajo la bebida, manchando el cuidado traje.

Sacó el pañuelo de su cartera y la fue limpiando. Después la recostó en el centro de la cama.

La Rusa salió para el baño, en puntas de pie.

Ya sola, permitió el ingreso por las hendijas de la persiana entreabierta de los rayos mañaneros. Inclinó la paisana hacia esa dirección y le comentó muy bajo.

-Miralo de frente. Sin miedo. Sólo te acaricia.

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Agregado el 12-05-2006