Juan Facundo Quiroga


I. EL ROSTRO DEL CAUDILLO.

 

El archivo del brigadier general Juan Facundo Quiroga se conserva íntegramente. El caudillo llevó sus papeles a Buenos Aires cuando se instaló allí, en 1834 y el acervo documental pasó a manos de una de sus hijas, casada con Antonio De Marchi, cuyos descendientes lo conservan actualmente en una enorme caja de hierro y clasificado por años. Eduardo Gaffarot -nieto de Facundo- y David Peña espigaron ese archivo, publicando algunos documentos hasta entonces desconocidos, entre 1900 y 1910. Otros investigadores publicaron algunas piezas de variable importancia. Enrique Barba dio a luz interesantes cartas cambiadas entre Quiroga y Rosas, que se conservan en el Archivo General de la Nación (Sección Farini). Hace poco años la familia De Marchi cedió los derechos de la publicación del archivo de Quiroga a la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires  y debido a este generoso despendimiento se han podido editar dos tomos de documentos; la publicación total del depósito documental comprenderá, probablemente, casi dez tomos. Sin embargo, desde 1962 la entidad universitaria no ha continuado con esa publicación.

El documentario de Quiroga arroja luz sobre toda la época en la que tuvo actuación tan descollante. Afirma, además, una faz poco estudiada del caudillo: la que se refiere a su prosa. Pocos protagonistas de nuestra historia han escrito con tanto vigor y precisión como Quiroga. En una época en que el idioma español se escribía con los ampulosos y oscuros resabios del neoclasicismo, Quiroga esgrime un idioma claro, concreto, mechado de deliciosos arcaísmos -propios de su comarca natal, donde la lengua materna se mantenía en un estado de pureza- y nutrido de toda la fuerza avasalladora de su temperamente. Se ha sostenido que el canónigo Castro Barros, aparte de ser su padrino, fue su maestro; pudo haberlo sido, a juzgar por las citas bíblicas que Facundo deja caer de vez en vez y por el tono apocalíptico que infunde a alguna de sus cartas. Muchos de los personajes militares de nuestra historia se expresaron a través de tinterillos cuyas diferentes péñolas -lamentables casi todas- van variando el tono de los documento originales y por veces oscurecen el pensamiento de quien las firmó; en el caso de Quiroga, sus documentos exhiben una evidente continuidad de estilo, demostrando que el caudillo dictaba personalmente sus cartas y notas -y en algunos casos las escribía a mano. Pocos perfiles de caudillo surgen tan netos como el de Facundo a través de sus papeles. Ya lo iremos viendo. Por de pronto, véase la carta que al principio de su carrera envía a José de San Martín como respuesta a la que el Libertador le enviara pidiéndole, como simple ciudadano, y sabiéndolo -dice- "un buen patriota y un hombre de coraje", que llegue a una transacción con el gobernador de La Rioja.

 

"Mi venerado Gefe y de todo mi respeto:

He tenido el honor de recibir su respetable comunicación del 3 del presente, la que tengo el placer de contestar dándole repetidas gracias por expresiones con que me trata a pesar de mi demérito.

El señor Coronel Diputado don Manuel Corvalán instruirá a V.E. del ardiente deseo i desprendimiento con que me presto a sus insinuaciones.

Soi con la efusion de mi corazón su más obediente súbdito que con distinción le aprecia i s.m.b.

Juan Facundo Quiroga

Llanos de la Rioja, mayo 12 de 1823...

(Fuente: EILAS OCAMPO, Juan Facundo Quiroga.) Reproducido de Correspondencia de José de San Martín.

 

Batalla del Tala, en 1826. Quiroga ha derrotado por primera vez a Lamadrid en una lucha feroz en la que el jefe unitario ha sido dejado por muerto. Apenas terminada la pelea, Facundo demora el regreso de uno de sus hombres a La Rioja, para escribir a su esposa. El triunfo del Tala no lo torna eufórico: recuerda a los muertos que menciona prolijamente y tiene un recuerdo de admiración para su enemigo. Quien ha publicado esta carta -el profesor Armando Raúl Bazán, honrado investigador- subraya que la comunicación es de orden familiar, lo que excluye cualquier idea de que Facundo simule una admiración que no siente:

 

"Logro la ocasión de regresar Lorenzo Gómez pa. saludarte y decirte que me hallo bueno pero con el sentimiento de ver serca de setenta hombres eridos de los míos y del enemigo treinta y cinco y también pr. llevar diez y siete hombres muertos desde que sali de ese Partido: mientras que del enemigo quedan sepultados sesenta y cuatro hombres en cuatro ataques que han triunfado mis armas. En el número de los muertos se cuenta el valiente y nunca bin ponderado D. Greg. Aráoz de Lamadrid, Gobernador de Tucumán, quien marchó de su Pcia. con todas sus fuerzas y las unió a las del ex gobernador Manuel Antonio Gutiérrez y me atacó en este punto del Tala y logró destruirme la mayor parte de la fuerza de modo que quedé solo con la Infantería y el Escuadrón que manda el Capitán D. Pantaleón Argañaraz, pero felizmente logré el triunfo que no esperaba y este con tal suceso que del indicado escuadrón he tenido un solo hombre herido levemente... Estoy próximo al Tucumán donde no encontraré resistencia y también seguiré a Salta si aquel pueblo se alarmase..."

(Fuente: ARMANDO RAUL BAZAN, Facundo Quiroga y Catamarca en el pleito unitario-federal. En "Boletín de la Junta de Estudios Históricos de Catamarca", Año VIII, Nos. 1 y 2. El original de este documento, en el Archivo de Quiroga.)

 

1827. Quiroga está en San Juan, después de la campaña que ha culminado en el Tala. Ha llegado a Mendoza el doctor Dalmacio Vélez Sársfield, comisionado por el Congreso General para presentar la Constitución unitaria y recabar su aprobación por las provincias. Desde Mendoza envía Vélez Sársfield a un secretario con un ejemplar de la Constitución a Quiroga; aparenta ignorar que el Congreso General al que pertenece sostiene clandestinamente a Lamadrid en la guerra que lleva el caudillo riojano. Quiroga ni siquiera recibe al enviado de Vélez Sársfield: de un tirón escribe esta rápida esquela que lo pinta de cuerpo entero, amenazante, agraviado, jactancioso en su naciente poderío:

 

"Regresa Cecilio Berdeja a la ciudad de Mendoza conduciendo el pliego que  condujo de la Diputación del Congreso General en razón de que el que habla no se halla en el caso de ver comunicaciones de individuos que dependen de una autoridad que tiene dadas órdenes para que se le haga la guerra; pero si está en el de contestar con las obras, pues no conoce peligro que le arredren y se halla muy distante de rendirse a las cadenas con que se pretende ligarlo al pomposo carro del despotismo.

Juan Facundo Quiroga

Campamento en el Posito, Enero 22 de 1827."

(Fuente: ANDRES LAMAS, Rivadavia.)

 

Repuesto de su desastre del Tala, Lamadrid se apresta a hacer frente de nuevo a Quiroga. Cuenta con la ayuda de los mercenarios colombianos de López Matute; pero los atropellos que éstos comenten desprestigian a los unitarios y endurecen el odio de los pueblos. Quiroga, sabedor de los desafueros del batallón mercenario escribe así a Bustos, gobernador de Córdoba:

 

"Corro a dar alcance a esa tropa de bandidos que no han dispensado crimen por cometer; que solo han incendiado poblaciones y degollado a vecinos pacíficos sino que atropellando lo más sagrado, han violado jóvenes delicadas. Tengo, pues, jurado, dejar yo de existir o castigarlos de un modo ejemplar y raro; muy particularmente a esa horda de bandidos colombianos que con sus hechos escandalosos han manchado la tierra con sangre de inocentes. Muy en breve sabrá V. E. o que he perecido al frente de mis fuerzas o que uno solo de ellos no existe ya en la tierra..."

(Fuente: VICENTE FIDEL LOPEZ, Historia de la República Argentina.)

 

Lamadrid y sus colombianos han sido destrozados en el Rincón (julio de 1827). Quiroga ocupa la ciudad. Ha hecho esta campaña "a su costa y minción", como un antiguo hidalgo, sosteniendo las tropas de su peculio y pagando de su bolsillo las erogaciones que ha causado la campaña a los particulares. Justo es que los tucumanos contribuyan a aliviar los gastos que ha tenido, ya que las costas corresponden a los vencidos. Pide se le paguen 24.000 pesos. En los primeros momentos de la derrota, la Legislatura de Tucumán acepta pagar la contribución forzosa impuesta por el vencedor; más tarde se extiende un movimiento de resistencia contra esta gabela. Enterado Quiroga de que su exigencia puede no ser cumplida dirige esta nota cuyo destinatario puede haber sido algún miembro de la Junta de Representantes:

 

"Tucumán, 24 de Julio de 1827.

He sabido por varios miembros de la honorable Junta que V.E. ha hecho comprender al pueblo que no debe contribuir en nada para cubrir los 24.000 pesos que reclamé como parte de los gastos que ocasionó la injusta guerra declarada contra mí por esta provincia; que el órgano de sus representantes y con este motivo, algunos que se habían suscripto, se han retraído; de lo que resulta que V.E., con su genio activo, ha podido a poca costa oponerse a que yo me reembolse de la pequeña parte que pido de los grandes gastos y perjuicios que he experimentado.

Pero ¡por Dios vivo! si no me satisface antes de las dos horas de este día, me haré pagar no la suma de 24.000 pesos sino todos los gastos que he hecho y todas las pérdidas que he sufrido en mis negocios. Cuiddo, pues: no haya equivocaciones. La generosidad tiene sus límites y no me falta disposición para castigar del modo más ejemplar el orgullo y osadía de este país rebelde, que mira con desprecio la generosa tolerancia con que ha sido tratado, aunque sin merecer la más mínima consideración.

V.E. puede, si lo considera conveniente, hacer saber esto a la Junta, en la inteligencia de que, pasada la hora ya mencionada sin haber yo recibido la pequeña suma que pido, empezaré inmediatamente a hacerle sentir los estragos de la guerra. Dios guarde a V.E. muchos años."

Juan Facundo Quiroga

(Fuente: ELIAS OCAMPO, Juan Facundo Quiroga.)

 

En pocos momentos de su vida reveló Quiroga su decisión, la fertilidad de sus recursos y su poderosa voluntad como entre el lapso que corre entre sus derrotas de La Tablada y Oncativo. Tenía que formar un nuevo ejército, ahogar las expresiones unitarias que se levantaban en Cuyo al calor de la proximidad de Paz e infundir nuevo vigor en sus partidarios, desalentados por la primera derrota del caudillo. En tales circunstancias, ningún hombre público de la época reparaba en escrúpulos menores; tampoco Quiroga. Sus detractores han descripto ese momento de la trayectoria del caudillo como plagado de actos de ferocidad. Más aún: teniendo prisionero al ilustre general Alvarado -que había encabezado una sublevación unitaria en Mendoza- recibió a un enviado del gobierno de Chile que intercedía por la suerte del antiguo guerrero de la Independencia.

Quiroga, después de asegurarse que la gestión chileno no suponía ninguna presión de ese país para que su resolución no se interpretara "como consecuencia de temor al poder que la postulaba" remitió a algunos prisioneros a Chile y dejó al general Alvarado en libertad, después de haberlo ayudado con un generoso subsidio -episodio que con algunas previsibles variantes refiere Sarmiento en su "Facundo". Al comisionado chileno le envió la nota que se transcribe:

 

"Yo hubiera vestido de luto a cien familias si hubiera seguido el sistema de la permitida represalia. A nosotros se nos ha hecho una guerra sin ejemplo. Se me han asesinado oficiales del modo más atroz y más pérfido1 yo solo he pensado en sacar recursos de los que la suerte ha puesto en mis manos, dándoles una vida que habían renunciado en el acto de servir á jefes que me hacían la guerra á muerte; dándoles una vida á individuos en cuyas manos la mía no habría durado un solo instante".

(Fuente: ADOLFO SALDIAS, Historia de la Confederación Argentina.)

A principios de 1830, Quiroga, en Mendoza, se prepara a marchar contra Paz, que lo ha vencido seis meses antes en La Tablada. El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, había iniciado ciertas "dèmarches" ante Paz para llegar a un acuerdo; se comunica con Quiroga haciéndole saber de estas gestiones e invitándolo a arribar a una transacción. El caudillo riojano contesta a López diciendo que unos meses atrás -aludía a su derrota de La Tablada- no hubiera podido aceptar ninguna negociación similar, pues entonces sólo contaba "con parte del territorio de La Rioja y el decidido y fiel pueplo sanjuanino"; ahora -relata- sus armas ocupan cinco provincias y acaso seis. Las cosas han cambiado y puede, sin desdoro, conversarse de paz. Esta actitud de Quiroga se afirma y completa con el oficio que envía simultáneamente al general Paz, publicado por los diarios de la época y exhumado por David Peña en 1906.

Es una carta notable, fechada el 10 de enero de 1830, en Mendoza, en la que apunta su pensamiento político federalista y la convicción de que -como dice- "la severa historia dará la justicia al que la tenga entre los que intentan dominar y los que pelean por no ser esclavos", a la vez que asegura que "las provincias serán despedazadas tal vez, pero jamás dominadas":

 

"Al Señor General Don José Ma. Paz:

Mendoza, Enero 10 de 1830. El genral que firma ha creído indispensable en esta ocasión, dirigirse al único o al principal que aún está con las armas sosteniendo una guerra que provocaron á las provincias unos gefes entre cuya nomenclatura se registra muy principalmente el general á quien es dirigida la presente nota.

Sea dado al general que firma hacer una pequeña disgresión á su principal objeto, para recordar en secreto y como en la confianza de pueblos de una misma familia los males de ella misma y á que el decoro nacional aconseja no dar un manifiesto, que más bien sería la historia de nuestros errores que la justifiación de uno de los partidos que se chocan.

Las prensas se han hecho sudar para abrir heridas al individuo, no al hombre público; y bajo el pretexto de hacer manifiestos justificando una atroz e injustificable guerra, y un asesinado sin ejemplo, no se ha hecho otra cosa que desahogar pasiones innobles. El que firma es hombre y provoca sin embargo á que se le cite un solo acto de esta clase contra encarnizados enemigos. Un contramanifiesto habría sido el medio indicado por el hombre vengador. Siguiendo als huellas de sus contrarios, se les habría excusado al menos su mancha; pero decidido á hacer la guerra de un modo regular, ha abrazado el partido de la moderación.

Bajo de estos principios ha combatido el infrascripto por dos veces y aunque en una y otra ocasión se le ha hecho la guerra a muerte, el que figura la ha regularizado y la ha hecho lo menos afligente que le ha sido dado. Así ha debido ser, señor general, cuando entre los soldados de sus filas no se ven sino ciudadanos pacíficos, pero que decididos á ser libres se enrolan voluntarios, dejando sus fortunas y comodidades, al paso que han tenido siempre que batirse con los que profesan el oficio de la muerte.

El infrascripto ha empuñado las armas por dos ocasiones: pero en ellas ha recibido orden para verficarlo. De su gobierno, en una, y de la Convención, en otra. Ha hcho la guerra, pero ejecutivamente y obedeciendo, jamás deliberando. Sin embargo, se le culpa acaso que ha hecho verter sangre, y se le culpa acaso por los mismos que la acordaron, y echando al ejército nacional que sublevaron sobre las provincias, nos han puesto en el deber sagrado de perecer ó ser libres.

La sangre se vierte ahora, es verdad. Se verterá acaso infinito, pero el mundo imparcial y la severa historia dará la justicia al que la tenga entre los que intentan dominar, y los que pelean por no ser esclavos. Este es el sencillo punto de vista en que debe considerarse la cuestión que nos divide, y ésta sin duda la razón que decidiría al mismo general Paz, cuando, en Arequito tomó una principal parte á las órdenes del general Bustos.

Por esta misma cuestión se ven los regimientos y los ejèrcitos de las Provincias Unidas sembrados en el vasto cementerio que se ha hecho de sus campos. Por ésta, la provincia del oriente ha chocado y rechazado tres expediciones que se han hecho á dominarla. Por ésta el pueblo de Santa Fe ha sido asimismo un campo de batalla. Por ésta, la provincia del Paraguay ha sido igualmente invadida, y los esfuerzos de dominación no han sido más felices que en todo el resto del territorio. Recuérdense los campos del Gamonal, de Cepeda, Cruz Alta, Fraile Muerto, San Nicolás, etc., etc., y en todo ellos se verán los regimikentos tendidos y amontonados los cadáveres de argentinos, sin otra pretensión que la de dominar á los pueblos.

Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, y casi todos los pueblos han sufrido incursiones de tropas territoriales con solo el objeto de dominarlos. Catamarca, Salta y Tucumán eran auxiliadas hace poco por la misma política que ha influído en los sucesos ya recordados apra que levantasen tropas unos gefes destinados allí con el fin de subyugar los pueblos. Las víctimas Borges, Peralta, Ubedas, Pallardeles, Dorrego y cien otro que aun humean, han sido sacrificados á este ídolo.

¿Qué resta, señor general? Un ejército que había costado inmensos sacrificios, un ejército que en alas del pundonor nacional se había formado á incalculabes esfuerzos de las provincias, y que costaba media existencia á los argentinos, ni bien se distrae de su objeto, cuando lanzado sobre las provincias, se ha proclamado conquistador. Sí no se ha avanzado más, es por el singular empeño de las provincias cuya decisión y honorables compromisos son casi inimitables. A sus esfuerzos es que ha contramarchado de San Luis, hasta donde han alcanzado sus armas.

Ya al parecer ni hay probabilidades ni esperanzas siquiera de una segura y permanente quietud para las provincias. Ellas descansaban tranquilas en sus perfecciones, y de repente se lanzan sobre ellas los escuadrones y regimientos que vienen á dar la ley bajo cualquier pretexto, teniendo que comprar sus libertades á costa de la sangre de sus hijos y de sus fortunas. Se calman ó pacifican, pero estas paces no son otra cosa que una tregua temporal que bien pronto es rota por la misma, mismísima mano y por el mismo resorte que obró en el primer rompimiento, que pudiera datarse desde que se deshizo la primera asamblea que nombraron los pueblos.

Las repetidas lecciones que desgraciadamente hemos recibido de estas aciagas verdades, debe hacernos mas avizados y precavidos. Las armas que hemos tomado en esta ocasión no serán envainadas sino cuando haya una esperanza siquiera de que no serán los pueblos nuevamente invadidos. Estamos convenidos en pelear una sola vez para no pelear toda la vida. Es indispensable ya que triunfen unos ú otros, de manera que el partido feliz obligue al desgraciado á enterrar sus armas para siempre.

Estas garantías ó probabilidades de una segura paz sólo pueden ofrecerse en la Constitución del país. Las pretensiones locales en el estado de avances de la provincia no es posible satifacerlas sino en el sistema de federación. Las provincias serán despedazadas tal vez; pero jamás dominadas. Al cabo de estos principios, el general que firma y sus bravos han jurado no largar las armas de la mano hasta que el país se constituya según la expresión y voto libre de la República. Entretanto le es grato asegurar al general que firma que su resolución será sostenida por la misma fuerza y con igual decisión.

El infrascrito se mueve á este objeto, y se mueve invitando al genral Paz para que emplee su cooperación al preindicado fin. En su negativa no verá sino una barrera y un obstáculo á la Constitución del país que es preciso allanar previamente.

Si el general Paz identificase sus miran con los caros intereses de la provincia de Córdoba, y con los de la nación, para sacarla de la condición humillante que tiene, haciéndola aparecer consituída, no faltarían seguridades y garantías que tranquilizasen hasta al más comprometido. Con este objeto se hace un despacho exprofeso al Exmo. señor gobernador de Santa Fe.

El que saluda al señor general Paz con atención.

Juan Facundo Quiroga"

(Fuente: DAVID PEÑA, Juan Facundo Quiroga.)

 

Después de su derrota en Oncativo y de su estadía en Buenos Aires, Facundo se dispone a enfrentar a Paz con su pequeña hueste patibularia, concentrada en Pergamino para aprender los rudimentos de la disciplina militar. En vísperas de su marcha hacia Mendoza, Quiroga recibe una carta de Rosas sugiriendo sus miras sobre la futura organización política del país: "no conviene precipitarse en pensar en Congreso -le dice el Restaurador- primero es saber conservar la paz, afianzar el reposo, esperar la calma, inspirar recíprocas confianzas...". Desde su campamento Facundo le contesta esta breve esquela:

 

"Señor Don Juan Manuel de Rosas.

Apreciado y distinguido amigo:

Su comunicación de usted del 6 del presente ha llegado a mis manos y están sus dos favorecidas muy conformes con mis ideas. La obra de nuestra organización política debe conseguirse por los medios que indica y en verdad es el único resorte que debe tocarse para evitar nuevas intrigas y aún una nueva lucha. Lo que por convencimiento se hace es mucho más estable que lo que se ejecuta por la fuerza.

Debo marchar hoy: que la suerte me sea tan propicia como le deseo a usted y a todos los que marchan bajo sus principios, son los votos de su afectísimo amigo y atengo servidor.

Juan Facundo Quiroga."

(Fuente: ENRIQUE BARBA, Correspondencia entre Rosas, Quiroga y López.) El original, en el Archivo General de la Nación.

 

La campaña que culminó Quiroga en Rodeo del Chacón es una empresa de la que el caudillo riojano podía jactarse. Ha producido asombro y admiración esa vertiginosa marcha a cuyo paso las aguerridas fuerzas unitarias quedaron aventadas. La segunda etapa de la campaña debía tender al enfrentamiento con el grueso del ejército unitario, al mando de Paz. Era una empresa difícil. Para iniciarla, Quiroga contaba fundamentalmente con su vieja base de maniobras y recursos: los Llanos de La Rioja. Comarca actualmente empobrecida, en tiempos de Quiroga era capaz de sostener sus ejércitos y sus caballadas. Por eso, apenas ocupada Mendoza, Facundo dirige una proclama a sus paisanos llanistos, que es un buen ejemplo del estilo arengatorio del caudillo:

 

"A los habitantes de la campaña de La Rioja.

Compatriotas:

Firme en mis propósitos, desde las márjenes del Río de la Plata, he atravesado con un corto número de hombres hasta el pié de los elevados Andes.

He triunfado en el Río Cuarto, he vencido en el Quinto, y una fuerza de dos mil cien hombres que se me opuso en el Rodeo de Chacón, he hecho ver que los defensores de la Libertad saben arrrostrar los peligros y con sus esfuerzos suplí el mayor número.

Derrotados los enemigos, dispersos y sin recursos, me lhan dejado esta Provincia libre de la opreción en que la tenían, su armamento, artillería y munición se hallan en mi poder.

Compatriotas:

Imitadme en la constancia, conservad union entre vosotros, jurad morir ó ser libres; pero no deis abrigo en vuestros pechos al mordas fuego de la venganza contra aquellos a quienes el engaño ó la ignorancia los ha hecho ser instrumento de la ruina del suelo en que nacieron.

Perdonadlos y triunfareis de vuestros tiranos que han jurado exterminaros. Si me necesitáis, avisadme con oportunidad (y bivid seguro) que volaré si es posible en vuestro auxilio.

Juan Facundo Quiroga.

Mendoza, marzo 31 de 1831."

(Fuente: Archivo del autor (inédito). sta bella proclama no figura en ninguno de los libros dedicados a Quiroga. La copia de la misma obra en mi archivo (sec. Papeles de Abel Bazón) con una nota manuscrita indicando que fue recitada de memoria por José Victor Herrera, anciano de 86 años, en La Rioja, en un juicio iniciado por la familia Quiroga. El hecho de que esta proclama sea desconocida hasta ahora, puede explicarse, tal vez, por haber sido dirigida clandestinamente a la provincia natal del caudillo, ocupado todavía por el enemigo. Una copia fotostática del documento de mi archivo fue reproducida por César Reyen en la Revista de Estudios Históricos de Mendoza (tomo XIV, 1er trimestre, 1937). Las faltas de concordancia sintáctica de la pieza puede atribuirse a defectos en la repetición del anciano Herrera de una arenga que seguramente fue difundida por tradición oral.)

 

La batalla de Rodeo del Chacón -en la que Quiroga pudo ser hecho prisionero por una columna unitaria que cargó cerca de la carreta desde cuya pértiga dirigía la batalla- puso Mendoza a disposición de Facundo. Un gobernador rápidamente electo reemplazó al anterior gobierno unitario: el nuevo mandatario creyó oportuno complacer al triunfador mandando celebar un Te Deum en celebración de la victoria de las armas federales. Nueve años antes, cuando Facundo deshizo el poder de la familia Dávila en la batalla del Puesto, cerca de La Rioja, también ocurrió que al entrar como vencedor en la ciudad encontró repiques de camapanas, festejos y adulaciones. En aquella oportunidad hizo cesar de inmediato las celebraciones, envió una nota de pésame a la viuda de uno de los Dávila muertos en la batalla -por el mismo Facundo en combate singular, según parece- y ordenó cantar un solemne responso por los caídos en el Puesto, sin distinción de bando.

Ahora, nueva años más tarde, en el cénit de su gloria y su poder, Facundo adopta la misma actitud a través de esta carta:

 

Mendoza, abril 9 de 1831.

El General que suscribe ha recibido la nota que con esta fecha el Ministro General de Gobierno le dirige poniendo en su conocimiento la Misa de Gracia y Tedeum que S.S. el señor Gobernador de la Provincia ha dispuesto se celebre por el feliz triunfo obtenido por nuestras armas en Chacón.

El infrascripto contemplando el luto que eternamente debe grabar sobre los corazones argentinos por la cruel guerra que devora a sus hijos, no puede permitir se den gracias al Ser Supremo por la destrucción de nuestros hermanos. Si S.E. el señor Gobernador dispusiese reemplazar esta función de Iglesia por unas honras generales por todas las víctimas sacrificadas de una y otra parte en el Rodeo de Chacón, entonces no tendrá embarazo en que aquellos Oficiales que no estén de servicio concurran a acompañar a S.E. el señor Gobernador y en cuyo caso el Ministro General pasará un breve aviso al Coronel Ruiz para que realice lo antedicho, el que se halla prevenido a ese objeto. De todos modos, el que suscribe da encarecidamente las gracias a S.E. el señor Gobernador por el entusiasmo que ha demostrado en solemnizar el restablecimiento de la libertad y derechos a esta Provincia que tan dignamente preside.

El infrascripto al contestar al señor Ministro General de Gobierno lo saluda etc.

Juan Facundo Quiroga."

Señor Ministro eneral de Gobierno, Don Pedro M. Pelliza.

(Fuente: Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, tomo VII. pág. 174, 1937.) El original, en el Archivo del Gobierno de Mendoza.

 

Con la batalla de la Ciudadela ha concluido la guerra civil. Los jefes unitarios han huido hacia Bolivia. El caudillo riojano es uno de los árbitros de la República, instalado en la vencida ciudad de Tucumán. La esposa del general Lamadrid, detenida por breves horas para que diera razón del dinero que su marido había sustraído a Quiroga, presenta a Facundo una carta de su esposo en la que éste ruega al vencedor franquee su salida de la provincia. Lamadrid asegura que para él ha terminado la guerra civil y anuncia que se retira del territorio argentino "íntimamente persuadido de que la generosidad de un guerrero valiente como es usted, sabrá dispensar todas las consideraciones que se merece la familia de un soldado que nada ha reservado en servicio de su patria, y que le ha dado algunas glorias"..

El taranbana de Lamadrid ponía el dedo en la llaga: parecía olvidar sus hurtos en los dienros de Quiroga y las vejaciones a que sometió a la madre y parientes del riojano, en su ansiedad de buscar los famosos "tapados". Quiroga no podía pasar por alto la oportunidad de contestar al glorioso botarate vencido. He aquí su respuesta, que transcribimos de las "Memorias" del propio Lamadrid, prefiriendo esta versión a la m´s pálida que aparece como borrador en el Archivo de Quiroga:



1 - Quiroga se refiere al fusilamiento de casi 30 oficiales y más de 100 soldados "quintados" después de La Tablada, por orden del general Deheza, jefe del Estado Mayor de Paz. Este afirma en sus "Memorias" que ignoró el hecho y posteriormente lo reprobó.





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