PRÓLOGO
¿Qué decir de Cleopatra? No he podido resistir la tentación de escribir un breve comentario sobre ella, consciente al mismo tiempo de lo complicado que resulta resumir en unas líneas una personalidad tan compleja y controvertida, sobre la que existen muchas fantasías y no tantas certezas.
Protagonista sin duda, mujer excepcional en la que concurrieron la belleza, la inteligencia y el poder. Fuente de inspiración de pintores, escritores, poetas y compositores como por ejemplo Haendel, que trazó un retrato psicológico de gran riqueza, transmitiéndonos su estado de ánimo cambiante desde el enamoramiento a la malicia y la desesperación.
Identificada con la seducción, la sensualidad, la manipulación, esta imagen ha ocultado otras facetas importantes, como su amplia cultura. Se dice que hablaba griego y egipcio y que además sabía expresarse en la lengua de los etíopes, judíos y árabes. A pesar de la fama de mujer frívola, difundida por algunos autores romanos, gozaba de una buena reputación como intelectual, familiarizada con la filosofía y la medicina, se le atribuyó la autoría de obras sobre temas tan diversos como la alquimia, la ginecología, las monedas y la belleza. Además fue promotora de importantes obras de ingeniería.
Ante versiones tan diferentes, podríamos preguntarnos cuál sería la verdadera Cleopatra. La verdad histórica resulta confusa. No parece demasiado arriesgado pensar que muchos de los comentarios negativos de sus contemporáneos podían estar influidos por la misoginia. En ciertos círculos romanos la percibieron como un doble peligro, como extranjera y como mujer que transgredía el orden mundial establecido y el orden natural de las cosas, por inmiscuirse en la política, dominio exclusivo de los hombres.
Si Virgilio la identificaba con el enfrentamiento entre Oriente y Occidente, Plutarco alababa su belleza interior, lejos de la superficialidad, belleza que se grababa hondo en el alma. En algún momento, incluso circularon profecías que la identificaban con la mujer misteriosa que salvaría el mundo e inauguraría una edad de oro.
Reina de reyes, asumió la representación de diosas inmortales como Isis, y se presentó delante de Antonio como Afrodita, diosa del amor, rodeada de una atmósfera impregnada de sensualidad y de lujo, en un lugar donde concurrieron todos los placeres.
En esta época de pasiones, desenfrenos y alianzas, para nuestra protagonista no existía incompatibilidad entre la pasión amorosa y la política. Su nombre ha sido asociado a los hombres más célebres de su tiempo: César (padre de Cesarión, su único hijo natural) y Antonio. Hombres con los que pactó en beneficio de su país, cuya autonomía logró preservar, y de la dinastía de los Ptolomeos, utilizando todos sus recursos, en lugar de sucumbir ante ellos. Centro y víctima de las luchas intestinas romanas, previamente había sido desterrada por su propio hermano, junto al que había sido entronizada; no resulta extraño que fuera considerada orgullosa, manipuladora y mujer fatal. Personificó también la riqueza de Egipto, el Nilo y la hermosa y brillante Alejandría.
Aunque sobre la muerte de Cleopatra ha habido distintas versiones, la más extendida es que murió como consecuencia de la mordedura de una serpiente, tras organizar el entierro de su amado Antonio, con la autorización del vencedor Octavio. Un suicidio ritual, ya que la serpiente era considerada un ser sagrado, una amenaza para los enemigos del faraón y símbolo de protección del dios Ra.
Eros y Tánatos, el sexo y la muerte, parecen también referencia obligada en la historia de amor entre Antonio y Cleopatra, ya que afrontaron la muerte desde una perspectiva egipcia, como encuentro, como una metamorfosis, concibiendo el suicidio como un acto de libertad y la confirmación de su amor. Seguramente fueron también víctimas de su pasión y de su destino.
Se dice que sus enemigos la perfilaron como rival de los hombres y al mismo tiempo como objeto ideal de las ambiciones y deseos masculinos. Junto a la bella Helena de Troya, nuestra protagonista ha reflejado la imagen de la mujer como origen de todos los males, también ha sido identificada con el ideal de belleza, cambiante según los criterios temporales y espaciales. Perfilada por Boccaccio, ya Dante la situó en el segundo círculo del infierno. Ha cautivado a pintores desde Tiépolo hasta pintores del XIX. Durante siglos ha inspirado a poetas tan distantes como Rojas Zorrilla y Bertolt Brecht. Ha ocupado los mejores escenarios operísticos y teatrales. Ha sido la protagonista de la obra Antonio y Cleopatra, una de las más bellas historias de amor escritas por Shakespeare, millones de veces representada y traducida a un sinfín de idiomas. Sin duda el cine ha contribuido de manera incomparable a la extensión de su popularidad, desde la primera versión de Mèliès en 1899 a las recientes películas de animación.
Ha sido criticada por su ambición y por su prodigalidad. ¿Podía, en aquella época, un mujer ser ambiciosa sin ser valorada negativamente? Seguramente lo quería todo, y en algunos momentos consiguió el placer, el poder, el amor, incluso llegó a creerse dueña de su propio destino. Una mujer inteligente y bella, una reina apasionada, independiente y ambiciosa ¿por qué no?
Terminamos con Shakespeare:
"...La edad no podrá marchitarla/ ni la rutina helará sus encantos/ otras mujeres sacian el hambre que alimentan/ ella provoca más hambre cuánto más sacia/ pues hasta lo más impuro tanto purifica/ que incluso los santos sacerdotes la bendicen/ si peca."
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Agregado el 03-03-2007