8
EL SISTEMA EMOCIONAL
El aula, después de la reconvención a que me hice acreedor, quedó en un ambiente propicio para la asimilación de esas verdades, ocasionalmente mencionadas pero siempre rechazadas por la juventud.
Varios estudiantes de otros cursos que habían salido de su primera clase se hallaban de pie en la puerta tratando de escuchar la discusión. Tadeo Yolza los invitó a pasar.
- Adelante, aún hay algunas sillas libres.
En realidad quedaban muy pocas, pero los muchachos de cualquier modo entraron permaneciendo de pie en los pasillos. A los pocos segundos el lugar se había atiborrado de adolescentes curiosos, lo cual produjo una momentánea inhibición en quienes estaban deseosos de opinar. Pero en cuanto el desorden que ocasionó la inclusión de los nuevos oyentes comenzó a atenuarse, Avelina, la compañera menuda y sagaz, se puso de pie y pidió la palabra:
- Licenciado, quiero decir algo. Mi papá es autoritario y gruñón. Yo trato de sobrellevar su mal carácter eludiéndolo en lo posible y hasta busco cuando se enoja conmigo, sólo que con él no se puede hablar. Permanece irritado durante días enteros tratándome mal y entonces también me vuelvo grosera.
- ¿ Lo eludes lo más posible y cuando se enoja contigo lo buscas? - increpó con fingida extrañeza el asesor - ¿Y por qué no intentas acercarte a él cuando todo está en calma, de modo natural, en tu vida diaria, como si realmente desearas su amistad?
- Lo hago - contestó Avelina emitiendo un gemido infantil.
- ¿De veras? ¿Lo saludas por las mañanas? ¿Lo abrazas y lo besas cuando llega del trabajo? ¿Le preguntas como le fue? ¿Le ofreces algo de tomar cuando está descansando? ¿Le brindas tu ayuda cuando lo ves haciendo sus labores? ¿Le das las buenas noches siempre...?
- Soy su hija, no su esclava.
- ¡Estás equivocada! ¡Tu compromiso con él es un compromiso de amor! ¡Nadie se rebaja al demostrar amor!
Avelina guardó silencio frunciendo ligeramente los labios en ademán de desacuerdo. Fue Tomás quien intervino entonces haciendo gala de su habitual cinismo.
- Yo sí le hago reverencias a mi padre - dijo con una sonrisa gigante - cuando mi madre me obliga.
Para sorpresa fueron pocos los que se rieron. En su intervención había más verdad que chanza. La mayoría de los hijos nos mordíamos la lengua y aguantábamos la respiración para ser amables con papá cuando mamá nos lo pedía.
- Que ingenuidad - contestó Yolza alzando los brazos en ademán de desesperación - ¿Nunca le has hecho caricias a un perro al que le tienes miedo? ¿Has visto cómo el animal gruñe y ataca al detectar la hipocresía? Si una mascota percibe cuándo le das cariño falso, imagínate el desagrado que debes despertar en tu padre al acercarte a él artificiosamente. Aunque no te lo diga, él se da cuenta de todo. Entre familiares directos no se puede fingir: la sangre se habla sin palabras y siempre con la verdad, lo quieras o no.
Los vapores del desacuerdo se habían tornado en aires de reflexión. Yo solía presumir que mi actuación teatral era lo suficientemente acertada como para burlar a mi padre. Ahora me parecía una hipótesis precaria. La repulsa entre ambos tenía que deberse a algo. (La sangre se habla sin palabras y siempre con la verdad...)
Una hermosa joven de las recién integradas levantó la mano. Calculé que tendría alrededor de diecisiete años. Me incorporé a medias para observarla bien. No la había visto antes. Hubiese sido imperdonable presenciar su particular encanto y desconocerlo después. Por si lo anterior fuera poco, también daba la apariencia de ser sumamente inteligente y seria.
- Mi nombre es Sahian - se presentó con exquisita seguridad-. A mí me pasa algo curioso que, a lo mejor, también le ocurre a otros. Mis padres y yo nos entendemos en aspectos superficiales, pero cuando se trata de opiniones más personales o problemas íntimos, la comunicación se corta radicalmente. Ellos dan sus puntos de vista con tal autoridad que no me es posible opinar. Entonces me desespero y contesto con violencia, a lo que le sigue siempre un regaño mayor. Si después de los problemas procuro acercarme a ellos con intenciones de aclararlos o incluso pedirles perdón por mis faltas, no puedo hablar, ¿entiende eso?: ¡no puedo hablar! Y al verme titubear, mi padre, en especial, supone que soy una niña boba y comienza a darme consejos otra vez. Si insisto en comunicarme, señor director, se me hace un nudo en la garganta y se me quiebra la voz. A veces lo sobrellevo y vuelvo a intentarlo, pero mis palabras se pierden en un llanto terrible. Y sufro como no se imagina... No puedo hacerlo de otra manera. Algunas veces, al verme tan afligida y vacilante, ellos se sienten conmovidos, pero se controlan manteniendo su imagen invulnerable y yo regreso a mi cuarto más vacía y triste que nunca.
La joven terminó su revelación con un ligero quebrantamiento en la voz. Había hablado con una sintaxis y claridad superiores. Me quedé embelesado mirándola.
- Muy bien, Sahian - asintió el director -, es una opinión valiosa. Pero, como dijiste, lo que te ocurre no es raro. Yo recuerdo que a tu edad, auque me llevaba relativamente bien con mi madre, me sentía muy alejado de mi padre. Si intentaba hablar de cosas serias con él, comenzaba a temblar y se me hacía un nudo en la garganta. Tiene que ver directamente con el sistema emocional de cada quien.
Tomó una tiza y en el pizarrón dibujó rápidamente la silueta de un cuerpo humano. En el interior marcó líneas representando conductos por los que circulaban los pensamientos. Varios compañeros, quizá más por costumbre que por interés, se apresuraron a copiar el croquis en sus libretas.
Del cerebro salían dos vías hacia la boca. Una directa, amplia y cortísima; otra sinuosa y larga, que bajaba al corazón para volver a subir.
- Lo que voy a explicarles es una figura apegada más a la filosofía que a la anatomía, pero que ciertamente puede serles de mucha utilidad - se volvió de espaldas para señalar en el encerado lo que iba explicando - Imaginen que, así como en el cuerpo hay un sistema óseo, muscular, nervioso y demás, en él también existe otro sistema llamado emocional. Observen bien: todas las líneas se crean en el cerebro, y tarde o temprano deben salir para materializarse en actos o palabras. Vamos a suponer que la salida al exterior de cuanto se genera en la cabeza es por aquí - señaló con el dedo la cavidad bucal - Si se trata de ideas simples, que por su intrascendencia pueden comunicarse a cualquiera que tengamos enfrente, cruzarán este conducto rápido que une el cerebro y la boca - lo remarcó con el gis -, pero si por el contrario se trata de pensamientos íntimos, profundos o personales, bajarán por este otro canal hasta el corazón, donde se cargarán de emotividad antes de continuar su rumbo hacia afuera. ¿Está claro? Es muy simple: el problema comienza cuando no dejamos salir esas ideas cargadas de energía sentimental y al almacenarlas pierden su esencia afluente para adherirse a las paredes de los conductos del sistema emocional, como el colesterol se adhiere a los del circulatorio. Imagínense los tubos de una persona introvertida que nunca manifiesta sus sentimientos. Deben estar llenos de costras y pústulas endurecidas que obstruyen la salida de modo realmente crítico. Todos tenemos emociones atoradas y adheridas en los tejidos más sensibles de nuestra naturaleza. Por eso sacarlas cuesta tanto. Duele, Sahian; duele mucho arrancar de las entrañas inquietudes que se han añejado y confundido con otras que tampoco salieron a su tiempo. Intentas exteriorizarlas y lloras sin ninguna razón concreta; reconoces tu malestar, pero no alcanzas a vislumbrar sus causas. Te preguntan qué tienes y no consigues hablar algo cuerdo; tartamudeas, titubeas y te enfureces porque son demasiadas cosas y no es ninguna a la vez.
El director Yolza hizo una pausa para tomar aire y calmar su creciente furor. Luego continuó dirigiéndose a la muchacha:
- Pero ten mucho cuidado: si por esa sensación de dolor decides seguir callando, acumularás amargura, haciendo más gruesas las costras y obstruyendo aún más el camino a los sentimientos que vienen atrás. Las emociones deben fluir o tarde o temprano te harán explotar como un tanque de gas. Así que aprende esto bien: limpia tu corazón, aunque te duela; exterioriza tu intimidad hablando o escribiendo. Desahógate con tu pareja, si es que la tienes, o con un amigo, o en un grupo de autoayuda, o en tu familia. No temas abrirte a ellos. Hay infinitamente más posibilidades de que al desahogarte con alguien, ese alguien, lejos de burlarse, te respete y ame mucho más. Pero aunque por mala fortuna te confiases en quien no aprecie tu valor, de todos modos habrás ganado al limpiar y sanear tu sistema emocional. Debes comenzar a sacar a flote tus sentimientos hoy mismo. Al elegir a las personas con quienes lo harás, piensa en tus padres. Enfrenta el reto de mejorar tus relaciones con ellos entregándoles lo más valioso de ti, sin medir lo que te darán a cambio. Háblales con el corazón, aunque eso te aflija, y verás que cada vez duele menos. Si los notas torpes para corresponderte, considera que ellos también tienen infinidad de emociones atoradas impidiéndoles comentarte con soltura sus sentimientos. Debes tomar la iniciativa para, a la vez, ayudarles, porque tus padres también necesitan ayuda. Si en tu juventud has de limpiar tus conductos afectivos, procura hacerlo con ellos. Háblales. No importa que te deshagas en llanto. Es necesario que enfrentes el dolor del lavado de tu alma; llora y luego échate en sus brazos y bésalos con todo el amor de tu ser. Expulsa el rencor acumulado, porque es al espíritu como el veneno al cuerpo. Quiere a tus padres como son y los verás responderte con lo mejor de su intimidad; pero si no lo consiguen, perdónalos porque son humanos; ámalos porque ellos te aman más que a nadie en el mundo; y respétalos porque son la autoridad que Dios ha puesto en tu vida para guiarte.
Aún los que escuchaban desde la puerta por no haber logrado entrar al recinto se hallaban en absoluto silencio. La ponencia del director había concluido con tanta fuerza y poder que, en quienes no había movido emociones, había motivado un ensimismamiento inusitado. Yo pertenecía parcialmente a los dos grupos. No deseaba derramar más lágrimas, pero tampoco lograba desembelesarme del hipnótico testimonio.
Giré la cabeza y descubrí la gran cantidad de jóvenes allí reunidos. Calculé que las clases se habían suspendido parcialmente porque entre el apiñamiento del exterior pude vislumbrar a varios profesores.
El licenciado hojeaba sus notas con lentitud. Me encorvé para extraer de mi portafolios las copias fotostáticas clandestinas de las susodichas y, a mi vez, comencé a revisarlas.
Volví a detenerme en los apuntes de citas bíblicas. En aquel entonces yo no tenía religión y me reía de aquellos que profesaban alguna; pero me hallaba tan fascinado con lo que estaba aprendiendo que las sentencias que otras veces me causaron dolor de estómago, ahora me atraían sobremanera:
Hijos obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo. (Efesios, 6,1)
Ellos te han visto nacer y crecer. Te conocen mejor de lo que crees.
Tus padres son capaces de ver en ti debilidades y fuerzas que desconoces.
Que nunca te lamentes por haber ignorado su instrucción. (Proverbios, 1,8)
Honra a tu padre y a tu madre. Tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: para que seas feliz y prolongues tu vida sobre la tierra. (Éxodo, 20,12)
Tadeo Yolza comenzó a hablar. Dijo algo respecto a una serie de señales que nos podían indicar el mal camino. Algo así como focos de alarma roja que debíamos evitar.
No lo escuché. Seguí leyendo para mí las citas, presa de una inefable avidez intelectual:
Someteos todos a las autoridades, pues no hay más autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. (Romanos, 13,1)
Así que quien se opone a la autoridad va en contra de lo que Dios ha ordenado, y quienes se oponen serán castigados. (Romanos, 13,2)
Una autoridad es alguien con facultad de darte instrucciones y que sin saberlo, es instrumento divino para indicarte el camino correcto.
El mayor problema que tenemos con las autoridades es nuestro orgullo. Éste hace reñir con cualquier persona que intente decirnos qué hacer o cómo vivir.
Nada ha sido más destructivo y ha afectado más la existencia del hombre que el orgullo. Quien se opone a la autoridad se revela contra la orden de Dios y los rebeldes atraerán a sus vidas la perdición.
Si te dejas guiar por tus padres, te dejas guiar por Dios; pero si te revelas, Él usará autoridades cada vez más duras y dolorosas con el fin de corregirte.
- ¿Puede leer más despacio? Quiero escribir eso - pidió Sahian, que estaba tomando notas.
Al oír nuevamente su voz levanté la cara ¿Qué había dicho? Me enojé conmigo mismo por estar distraído.
El maestro repitió con mayor énfasis y lentitud el párrafo que hojeaba mis apuntes buscando apresuradamente las palabras que se decían. Una nueva motivación me inundó: si esa joven deseaba escribir los últimos dos puntos de una lectura específica, tal vez yo pudiera ofrecerle los demás.
Hacía calor, pero los ojos extrañamente abiertos no parecían percatarse de ello. Hojeé y hojeé con la desesperación de alguien que busca un secreto de vida o muerte.
Yolza terminó de leer y agregó con voz potente y firme el colofón de su discurso:
- Todo esto le ocurrirá a ustedes si no se esfuerzan por lograr buenas relaciones con sus padres - contuvo uno segundos el aire y terminó -: El que tenga oídos que oiga. El que tenga ojos que vea....
El director fue rodeado por varios muchachos que deseaban hacer consultas personales. El resto de la gente empezó a irse.
Por mi parte, finalmente encontré lo que buscaba. Me levanté bruscamente y salí con la premura rompiendo el armónico ambiente que se mantenía aún en el desalojo del aula. Giré la cabeza de un lado a otro hasta que la localicé. Sahian me había producido un hambre de hablar casi tan desesperante como el hambre de saber que me produjo Yolza. La alcancé y llamé cuidadosamente su atención tocándole el hombro.
- Hola - saludé en cuanto volteó a verme -,¿me permites decirte algo?
La tomé de la mano dando muestras de una nunca manifestada galantería y la conduje hasta el patio. Ella me siguió sin hablar, frunciendo el ceño.
- Quiero mostrarte una cosa - le dije al fin - : los apuntes del director. Los tengo. Me los prestó para fotocopiarlos y como te vi tan interesada pensé que podrías quererlos.
- ¿De veras los tienes? - brincó con la alegría de un niño al que se le promete un helado -. No lo puedo creer.
- Pero no los traigo completos - mentí -. En la tarde, si aceptas, nos podríamos ver. ¿que te parece? Te invito a tomar un helado.
Me miró fijamente como quien estudia un espécimen raro de animal. Tal vez entendió mis intenciones de conquista y una casi imperceptible sonrisa asomó a sus labios. Creo que no le parecí mal porque accedió.
Esa tarde en la mesa de un café, repasamos juntos varias páginas de los apuntes del director. Hallamos tanto notas soberbias como redacciones incomprensibles. Sahian me pidió que le permitiera copiar de su puño y letra los últimos diez puntos que se leyeron al final y que yo, por distraído, no pude escuchar. Me explicó que quería fotocopiar esa hoja porque pretendía obsequiársela a su hermano menor como una carta personal. Al escribir se acercó tanto a mí que por mi mente cruzó el insano deseo de besarla, pero pronto borré de mi pensamiento esa idea y me avergoncé por haberla tenido. Esa chica me inspiraba un respeto que no había sentido por ninguna otra.
Hecho un manojo de nervios, me ofrecí a dictarle
La hoja decía así:
Diez señales que marcan el camino hacia el fracaso y la perdición de un joven, detectadas en la relación con sus padres:
1 - Se cree incomprendido por ellos
2 - No quiere perdonarlos
3 - Siente tristeza, rencor, amargura
4 - Se aleja de ellos. Les habla poco
5 - Se vuelve ingrato, los critica y ataca. No les agradece nada
6 - Se vuelve terco. Justifica sus malos actos y no escucha sus consejos.
7 - Defiende la libertad sexual.
8 - Sin querer, busca amigos también incomprendidos por sus padres para sentirse apoyado.
9 - Piensa en darles una lección (y con esto se hace vulnerable al vicio, al sexo, al suicidio).
10 - Daña su capacidad de amar. Se vuelve, sin darse cuenta, una persona incapaz de construir relaciones afectivas de calidad.
Todo esto le ocurre a aquél que no tiene buenas relaciones con sus padres.
Al terminar, yo de dictar y ella de escribir, nos miramos a la cara fijamente. Había algo que nos identificaba en secreto. Y yo entendí, por primera ocación, lo que era el nacimiento de un cariño legítimo, lejos de la pasión y la lascivia.
- Reñir con nuestros padres puede en verdad causar grandes estragos - dijo con la vista perdida -. Tengo un amigo en la escuela que en este preciso momento se halla extremadamente confundido por eso. Me ha llamado por teléfono varias veces durante los últimos dos días sólo para decirme lo mucho que sufre. Lástima que no estuvo hoy en clase. Le hubiera servido lo que se dijo.
- Mmmh - contesté desinteresado -, la mayoría preferimos evadir los estudios cuando tenemos problemas familiares.
- No. Él no está evitando la escuela. Se fue definitivamente de su casa.
El corazón me dio un vuelco terrible.
- ¿Y cómo se llama tu amigo? - pregunté.
- Tal vez lo conozcas. Su nombre es Saúl. Saúl Hernández.
![]() |
![]() |
Agregado el 28-05-2006