18

LEY DEL DESARROLLO ESPIRITUAL

 

EN LA FAMILIA DEBE LLEVARSE BIEN UNA RELIGIÓN DE AMOR. SÓLO MANTENIENDO UNA ESTRECHA Y CONTINUA RELACIÓN CON DIOS PUEDE LOGRARSE LA PAZ INTERIOR.

 

 

La voz de la señora Helena resonó en el recinto por unos segundos.

Me di cuenta que estábamos pisando un terreno vedado, pero los invitados habían venido a eso: a sacudirnos, a hacernos enfrentar los temas que comúnmente procurábamos evitar.

Mis padres, lo quisieran o no, necesitaban hablar de Dios.

Estábamos todos sentados alrededor de la mesa de centro de la sala.

Con gran habilidad, Tadeo y su esposa habían ido encaminando el tema de la plática hasta llegar a donde pretendían. El ambiente era ahora más inhibidor que tenso.

Mis padres hubieran deseado no participar en esa conversación, pero por cortesía se veían obligados. A mí tampoco me agradaba el tema; sin embargo, confiaba ciegamente en que el licenciado Yolza sabía lo que hacía.

-¿Creen en Dios? -preguntó.

Silencio. Todos teníamos la vista fija en la mesa.

-Sólo un hombre de muy corta visión puede argumentar que las incomprensiblemente perfectas maravillas del cosmos se hayan creado “solas” -comentó interpretando nuestro silencio como una indecisión-. La magnificencia de cada órgano del cuerpo humano, la excelencia de la vida en vegetales y microorganismos, la pureza de las leyes físicas, químicas y cósmicas, la exquisitez del funcionamiento de los ecosistemas, la excelsitud de los planetas, las galaxias, el universo, toda la gigante creación no puede existir por casualidad. Al ir descubriendo científicamente tanta perfección inexplicable, el hombre se ha percatado con más claridad de su pequeñez.

-Dicen que todo eso no es otra cosa que “la Madre Naturaleza” -interrumpió papá, dando un sorbo a su bebida y tratando de otorgar al tema un matiz de superficialidad.

-Si así quiere llamarle, está bien. Pero indiscutiblemente detrás de esa “Madre” hay una gran sabiduria. Lo que propicia la excelencia de todo lo natural es una inteligencia infinitamente suprema que ha diseñado y puesto en marcha cuanto vemos a nuestro alrededor. El azar no pudo haberlo hecho. Si la palabra “imposible” logra usarse en su justa medida, es en este caso. Sólo un necio podría negar algo tan obvio.

-Espere -rebatió papá-, yo entiendo que debe haber una inteligencia infinitamente superior que organizó todo como existe, pero eso no significa que debamos tener una religión ¿o sí?

-No hablaremos de religión porque muchos adultos relacionamos, erróneamente, esa palabra con “manipulación”. Hablaremos de Dios. No sólo su creación nos grita que Él existe; también está esa sensación que llevamos dentro de necesitar hacer aquello para lo que fuimos creados. Nada causa más paz al hombre que practicar el amor; nada más placer que tener una actividad creativa; nada más alegría que actuar con verdad, honestidad y perdón. Es ahí, en el interior de nuestro ser, al comparar la satisfacción de hacer el bien con el desasosiego de obrar el mal y, sobre todo, al recapacitar en nuestra natural tendencia de buscar la perfección, que nos convencemos mejor de la presencia de Dios.

-¿Qué tiene que ver todo eso con nosotros? -protestó mamá fastidiada echando una mirada a su reloj-. Usted seguramente está enterado de que en esta familia acaba de ocurrir una gran desgracia. Algo muy real, señor director. Dios pertenece a otra dimensión. Hablar de Él no nos va a ayudar en nada.

-Se equivoca, señora. El problema de cada uno de los miembros de esta familia es una severa infección en el alma que no puede ser curada por medicinas humanas. Si lo desean, mi esposa y yo saldremos de inmediato por la puerta que entramos para no molestarlos más y entonces ustedes podrán acudir a la filosofía, a la terapia Psicoanalítica, o a la consejería astral, pero nada de eso los sanará; serán paliativos que les quitarán el dolor sólo de momento, y cuando el efecto de los analgésicos pase, la infección resurgirá desde lo más profundo de su ser, ahora más grave. Pueden darle mil vueltas al asunto, pero tarde o temprano comprenderán que Dios es la única fuerza que puede sacarlos del agujero en que están.

Extendió la mano izquierda a su esposa y la señora Helena, como adivinando las intenciones de su marido, le alargó una pequeña Biblia que había traído dentro de su bolsa de mano.

El licenciado la hojeó como quien sabe perfectamente lo que busca y leyó:

-Cuándo los fariseos le preguntaron a Jesús dónde se hallaba el reino de los cielos, Él les dijo: “El reino de los cielos no vendrá a ustedes en forma visible. No se dirá ahí está o allá está, porque de cierto les digo que el reino de los cielos se halla ya entre ustedes HOY” (San Lucas 17,20). -Levantó lentamente el libro-. ¿Saben lo que esto significa? -cuestionó-. Significa que Dios es una presencia viva en nuestras vidas, que no pertenece a otra dimensión sino que está presente para todo aquél que desee tener una relación personal con Él.

-Espere -volvió a interrumpir mamá, haciendo caso omiso al comentario anterior y dando la apariencia de estar molesta por el asunto que se discutía-, no es aceptable que siendo un Dios de amor presente, como usted dijo, a cada momento en nuestras vidas, nos envíe tanto sufrimiento -y sin poder evitar un tono de desolación, agregó-: ¿En qué cabeza cabe suponer que un padre amoroso permita cuanto permitió en mi casa?

Yolza detectó que mamá no estaba protestando sólo por protestar. Detrás de su altanería se escondía una desesperada necesidad de hallar razones lógicas a ese dolor que tan ilógicamente la estaba matando.

-Vamos a ser realistas, señora. Ni usted ni nadie puede concebir que Dios-Amor propicie el sufrimiento. Simplemente nuestras medidas no son Sus medidas, ni Sus juicios los nuestros. Ocurre algo indeseado y lo culpamos a Él, pero el sufrimiento no es causa de su voluntad sino consecuencia de violaciones que hacemos a sus leyes. Él nos ha dado libertad y usándola, bien o mal, sembramos para después cosechar. Si usted lanza una piedra por la ventana no la podrá detener en su caída. Dios ha creado las LEYES, señora, que están a nuestro servicio; pero si alguien, queriendo o no, las desafía, por ejemplo lanzándose él mismo por la ventana, sufrirá las consecuencias. Eso es todo.

-¿Y por qué, si nos ama, no evita ese “sufrir las consecuencias”?

-Porque es nuestro único medio de aprender crecer … -Hojeó nuevamente su Biblia y leyó-: “Ciertamente ninguna corrección que se nos dé es motivo de dicha sino de tristeza, pero más tarde el dolor dará a los ejercitados en él una vida de paz y rectitud” (Hebreos, 12,11) ¿Entiende eso? La muerte de Saúl no tiene sentido alguno si ustedes no mejoran radicalmente con ella. Deben ejercitar su sensibilidad en el dolor para que gracias a lo que le pasó a él, logren esa vida de paz que no conocen. Asimilen el mensaje que se les ha enviado y sigan adelante con alegría y entusiasmo. Que un problema no los abata; en el contexto de toda su vida, ésta que hoy califican como una tragedia atroz, no es más que un tropiezo de enseñanza. Levanten la vista del juego de ajedrez que los tiene embotados y relájense; admiren la perfección de la Naturaleza y entreguen su existencia entera a Dios … “ENTREGA” es la palabra clave. La vida en comunión con el Amor es el único bálsamo infalible que le da sentido a los mayores abatimientos, sana las heridas, hace desaparecer la preocupación, el miedo, la ira, la culpa, la tristeza y las convierte en Paz.

La señora Helena había tomado la Biblia y, mientras su esposo hablaba, había buscado un pasaje para sustentar lo que se decía. A la primera oportunidad leyó:

-”Mucha es la paz para quien respeta sus leyes. No hay tropiezo para ellos” (Salmo, 119,165) -y después-: “No se aflijan con problema alguno, presenten todo a Dios en oración pidiendo y dando gracias; entonces El les dará su paz, una paz que es mayor de lo que el hombre común puede entender, una paz que inundará su corazón y sus pensamientos …” (Filipenses, 4,6)

La voz de Helena Yolza no sólo contrastó por lo dulce y grata sino porque iba cargada de una convicción mayor, si eso fuese posible, que la de su marido.

-Yo insisto en preguntar -increpó papá retomando el aspecto del tema que más le incomodaba-. ¿Se requiere seguir una religión para comunicarse con el Creador?

-Cualquiera puede entrar en armonía con Dios, pero sí se hace en la modalidad de libre pensador esa armonía será momentánea; la naturaleza del hombre proclive a experimentar el mal no puede guiarse sola. Los apetitos insanos requieren de una ley que les ponga freno. Si no se tiene y obedece una guía espiritual, hasta los peores asesinos pueden justificar sus malos actos y racionalizar convenciéndose de que son buenos a la vista de Dios. Los padres deben inculcar la religión en el seno de su hogar; no hay peor dislate que permitir a los hijos que cumplan la mayoría de edad par que elijan. ¡El desarrollo espiritual es un proceso largo de aprendizaje y maduración, y al igual que otras ramas del “saber”, su estudio no debe postergarse, porque hacerlo sería tan absurdo como esperar que los chicos sean adultos para que escojan ellos mismos su escuela primaria!

Hubo un silencio repentino, estático, pero cargado de intensas vibraciones.

Hoy, al momento de escribir, entiendo todos aquellos razonamientos como algo normal y evidente, pero recuerdo que entonces a mi familia le resultaba tan incómodo escuchar esos conceptos como lo sería, para un joven analfabeto que ha aprendido a vivir sin leer, un discurso encaminado a hacerle entender su retraso intelectual. Recuerdo que por un rato nadie habló. Yo estaba perdido en mis pensamientos. Aquellas no eran palabras para oírse y comprenderse con simpleza; eran oro molido, una bomba, una comida fuerte y nutritiva que caía repentinamente en estómagos paralizados por la falta de alimento.

Fue mi padre quien rompió el mutismo. Se aclaró la garganta y levantó levemente la mano para decir:

-Todo está muy bien … Pero yo no me siento digno de dirigirme a Dios.

El matrimonio Yolza dudó unos segundos. Fue la señora quien intervino primero:

-Ese sentimiento debe extirparlo de raíz. Piense que Dios es el Amor Incondicional Personificado. Él ha querido que usted camine a solas para que crezca firme y con libertad, pero eso no significa que usted esté “solo” aunque caiga. Las caídas enseñan y fortalecen y Él no va a reprocharle sus caídas. ¿Ha cometido errores? ¿Ha sido un mal padre, un mal esposo? ¿Ha dicho cosas indebidas? ¿Ha dejado de hacer lo correcto? ¿Y qué hay de malo en todo ello? ¡No hay un ser humano perfecto! Nadie arrojará la primera piedra, doctor Hernández. Nuestras obras, buenas o malas, siempre llevan implícita la recompensa a recibir, a veces de inmediato, a veces muchos años después, y no hay nada de vergonzoso en ello porque estamos aprendiendo y creciendo.¡Ese es el plan de Dios! Si Él nos amara por nuestro “currículum” no habría ni un solo ser humano que mereciera su amor. ¡Entienda esto! Nuestras obras serán premiadas o castigadas de todas formas. A Él no le interesan los errores humanos sino el corazón, la humildad, el arrepentimiento, la fe. Si usted hace algo mal sufrirá las consecuencias y sanseacabó, pero el padecer el castigo de las leyes violadas no exime a nadie del amor de Dios. El lo conoce a usted muy bien, doctor, y lo ama con todos sus yerros, lo ama con su pasado, cualquiera que éste sea. Él es Amor y tiene los brazos abiertos hacia usted …

Mi padre bajó la vista y pareció afectado por los últimos argumentos.

-Y hay algo más -complementó el licenciado Yolza-. Dios quiere que su hogar se restituya, porque Él es quien planeó y organizó la familia. Él la diseñó, no ustedes. Si algo anda mal en su hogar, acérquense al diseñador. Cuando un aparato electrónico complicado se descompone, ustedes acuden con el fabricante para volver a hacerlo funcionar. Hagan lo mismo ahora. Y no tienen que salir a buscarlo, porque Él es quien viene a ustedes, (Apocalipsis, 3, 20) . Escuchen con atención y verán que llama a la puerta. Mientras sigan ignorando todas las señales que les está dando, serán como el hijo pródigo descarriado y caído en desgracia. Sólo quien acepta a Dios y cree en Él será considerado su heredero (San Juan, 1, 12). Abran la puerta ya, y Él cenará con ustedes y ustedes con Él. -Hizo una breve pausa para permitir que las palabras se infiltraran hasta lo más hondo de nuestro ser, y agregó-: Si el Señor no edifica su casa, en vano trabajan los constructores …(Salmo, 127,1)

Las posturas de todos nosotros eran harto similares y curiosas: la vista dirigida al suelo, los ojos fijos, los dedos nerviosos y los labios ligeramente fruncidos. ¿Era posible haber vivido tantos años en esa inopia?

Yolza dejó pasar unos segundos respetando nuestra meditación y luego, en tono de íntima complicidad, indicó lo que haríamos.

-La única forma de enfrentarnos a Él es hablándole. Entregándole nuestras penas y alegrías. Tratarlo como a un amigo exclusivo … En los hogares fuertes se acostumbra la oración en conjunto y voz alta. Pocas cosas subliman y unen más profundamente a las familias. ¿Estarían ustedes dispuestos a hacer la prueba con nosotros ahora?

Nadie contestó.

-Bien -dijo, asumiendo como afirmación nuestro silencio-. Vamos a tomarnos de las manos cerrando un círculo alrededor de la mesa. Yo oraré y todos reforzarán mentalmente y a su modo mi plegaria; luego lo hará mi esposa; posteriormente Laurita, la señora Hernández, Gerardo y finalmente usted, doctor.

En el recinto despertó nuevamente un hálito de incertidumbre. Yo estaba en medio de mis padres así que, aunque tampoco me entusiasmaba la propuesta, busqué las manos de ambos y se las uní fuertemente. Ellos ni cooperaron ni se negaron. El círculo se cerró con las manos unidas y el licenciado Yolza comenzó a hablar usando una fuerza emotiva que no le conocíamos.

Instintivamente bajamos la cabeza casi al unísono, como cuando un soldado raso se dirige a un general.

-Dios mío. Estamos reunidos aquí para buscar tu consuelo. Cada uno de nosotros queremos decirte algo. Decirte: Padre, no me siento capaz de manejar mi vida y mis problemas. Estoy cansado de tanto sufrimiento. Déjame descansar en ti. Necesito ayuda. De todo corazón, hoy te entrego mi mente, mi alma, mi vida. Soy tuyo, estoy aquí, con mi corazón abierto hacia ti para recibirte, para que en todas las áreas de mi vida se manifieste tu voluntad y guíes mis pasos, Señor. Quiero entregarte a mi familia para que con tu bálsamo curativo cicatrices nuestras heridas y nos fortalezcas en tu amor. Hazme saber lo que tengo que hacer para cooperar contigo. Soy materia dispuesta, Señor; utilízame, por favor.

La plegaria nos sensibilizó a tal grado que sentí ganas de llorar a la vez que me inundó una sensación de sosiego y descanso. Entendí que si Dios se manifestaba de alguna forma en los seres humanos sería de ésa. La señora Helena continuó la oración.

-Dios, Santo Padre bueno. Somos un pequeño grupo de hijos tuyos que estamos grandemente necesitados de tu paz, de tu perdón. Gracias porque percibimos tu presencia y tu infinito amor y una calma enorme sobrecoge nuestras almas. Sabemos que no nos guardas rencor, que perdonas nuestros errores e incluso las ofensas que te hacemos. Ya no deseamos dar más tumbos. Hemos reconocido que empeñarnos en vivir lejos de ti, además de desgastante, resulta doloroso e inútil. Toma en tus manos nuestro ser y guíanos por siempre, Padre. Somos tuyos.

Creí que el proceso se interrumpiría al tocarle el turno a Laurita y después a mi mamá, pero me equivoqué. La oración de mi hermana fue corta aunque poderosa.

-Yo te conozco, Dios. Hace mucho tiempo que dejé de hablar contigo, pero creo que todavía me quieres … Porque otra vez está reunida toda la familia … No dejes que nos separemos. Ampara a papá y a mamá. Gracias.

Mi madre tardó más en retomar la oración. Su voz fue extrañamente débil y entrecortada.

-Ayúdame a aceptar lo que pasó … -un leve quebrantamiento de su garganta la interrumpió, pero se repuso-. No es fácil embarazarse, dar a luz, educar a un hijo, verlo crecer y después verlo morir de esa forma … Si yo tuve culpa en ello … perdóname … y devuélveme la paz antes de que también me muera … Ayúdame, por favor … -Entonces su llanto se volvió tan abierto y profuso que nadie creyó que pudiera articular una sola palabra más, pero se controló apenas lo necesario y continuó-: Saúl se fue huyendo de la presión de ser varón. Se dice que los hombres deben ser fuertes, competentes, invulnerables, duros y hasta infieles. Creo que él no estuvo nunca de acuerdo con eso. Era muy sensible. Por eso se fue. Recíbelo en tus brazos. Dale tú lo que nosotros no pudimos darle … Te lo entrego a ti … Señor.

Y su voz se ahogó en el fluir de su llanto.

Mamá no había llorado en el sepelio. La presión acumulada en las últimas tres semanas de continua oposición a la realidad había sido demasiada. Así que la vimos deshacerse en sollozos y quejidos de forma impresionante y desgarradora, pero nadie se movió.

La cadena de oración continuó. Era mi turno. Mi subversión hacia toda teología se había tornado en sed, sed de ese zumo vivificante que ofrece Dios. Sin embargo, las palabras se me atoraron y apenas pude decir:

-Los que estamos aquí, estamos vivos. Es por algo, ¿verdad? Ayúdanos a entender por qué … Tú tienes un propósito para cada uno de nosotros. Háznoslo saber … Ahora nuestros oídos están abiertos a tu voz. Háblanos Señor …

Antes de comenzar, papá se aclaró la garganta. Su mano, que tenía asida a la mía, me apretó con fuerza. Deseaba comunicarse con Dios, pero se hallaba como mamá, en el hilillo del quebrantamiento.

-Padre Nuestro que estás en el cielo …

Se detuvo. Nadie continuó la oración que inició.

-Yo sólo quiero pedirte … que le digas a mi hijo que lo quiero.

Comenzó a llorar.

-Dile que daría mi vida por saber que me ha perdonado. Nadie me enseño a ser papá, por supuesto que eso no justifica las tonterías que hice porque a nadie se le enseña … Pero quiero decirte que si me das la oportunidad de rehacer esta vida, no cometeré los mismos errores con mis otros dos hijos. Si mi esposa me lo permite, la abrazaré, la besaré y compartiré con ella mis problemas y alegrías … Dios mío, yo tampoco tuve un buen padre … y créeme que es una carencia que siempre me ha dañado … Dame otra oportunidad, Señor. Dame la paz de saber que Saúl ahora puede ver la forma en que lo amo. Últimamente no he pensado en nada más. Cuando él era pequeño, orábamos juntos. ¿Cómo y cuándo fue que dejé de enseñarle? Me causaba gracia verlo invertir las partes del Padrenuestro y persignarse torpemente con la mano izquierda. Mi niño … mi niño. Fue tan hermoso tenerlo … Nadie se imagina la pena que me embarga al entender que no volverá a estar aquí. Dios mío. Tú sabes del tormento que siento desde que Saúl se fue … Recuerdo que cuando comenzó a dar sus primeros pasos lo hacía riéndose y abriendo las manos para guardar el equilibrio. Recuerdo que no le gustaba dormirse sin que le contara un cuento. Lo recuerdo de pequeño haciéndome mil preguntas que yo no sabía contestar. Lo recuerdo coleccionando piedritas extrañas, hablando con los pececillos del globo de cristal, llorando cuando reprobó su primer exámen en la secundaria, y luego, repentinamente, lo veo confundido, rebelándose contra su familia, contra su escuela, pero sobre todo contra su padre inepto, y luego, Señor, lo sueño ahí, girando levemente en el aire, suspendido por el cuello con su cinturón.

Su voz perdió tono y timbre. Todo mi padre era una llaga abierta y supurante, un ente aplastado por el peso del dolor, un cuerpo exánime asfixiado por los gases venenosos de la tristeza.

No levanté la cara para verlo. Era innecesario contemplarlo porque su aflicción podía sentirse como una brisa de ácido.

-Me recuerdo abrazando su cuerpo frío … -continuó con una voz que no era suya- como si todavía pudiera sentir después de muerto mi piel, que nunca sintió en vida. Y es que, Señor, aunque era tarde, yo sólo quería pedirle perdón, quería que supiera que lo amaba y que nunca había deseado que se fuera … Díselo tú. Y, sobre todo, perdóname tú. Ahora que veo mis actos hacia atrás, puedo distinguir que antes de la tragedia me diste muchas señales de que estaba haciendo las cosas mal, te comunicaste conmigo de mil modos distintos, me lo advertiste … pero no supe oírte. He tenido que pasar por esta experiencia horrible para entender que nos hablas a cada instante a través de gente que conocemos, de cosas que vivimos, de escritos que llegan a nuestras manos. Déjame reconstruir lo destruido y te prometo que no viviré más a la ligera, que buscaré hasta en los más insignificantes sucesos los mensajes que tú me envíes, pero sobre todo que seré para mis dos hijos el padre que no han tenido, el padre que yo no tuve, Señor … Y para mi esposa … el hombre que ella necesita … El esposo que algún día dejó de soñar que tendría …

No me había dado cuenta de que el redondel se había desunido, pues todos necesitábamos de las manos para limpiarnos la cara. Mamá se puso de pie y se dirigió a mi padre hecha un mar de lágrimas. Papá se incorporó para recibirla en sus brazos. Vi, aunque muy borrosamente, la fuerza con que se abrazaron. Laura se acercó y los rodeó. Yo hice lo mismo. Permanecimos así mucho tiempo, fundiendo nuestro dolor y cariño, pero también uniendo nuestras energías. Fue un abrazo de cuatro personas que se necesitaban y se querían tanto que, entre gemidos y sollozos, tuvieron en esos momentos la renovadora experiencia de sentir así el auténtico calor del amor de Dios.

Esa noche morimos juntos y volvimos a nacer.

Nuestra visión de las cosas después de esa germinación espiritual cambió radicalmente.

Orar juntos se convirtió en una costumbre y una necesidad.

Después, nada volvió a ser igual.

Ir a la página anterior Ir a la página siguiente


Agregado el 26-06-2006