PRÓLOGO


Escarbando en repositorios impenetrables del Collao, hurgueteado por Domingo Zerpa, catapultado por el ingenio creador del Chango Toconás, encuentro la razón irrebatible del ser regionalista nacido de la coherencia verboide del sutil castellano y atesorado por el extemporáneo quichua.
Encuentro el hijo enclenque, amilanado por el peso de un intenso penetrar del modernismo... ese hijo que pende del borborigmo de la tierra y que ceñido a estrecheces ingentes de las razas incas desaparece en los vesperales del tiempo.
Encuentro palabras productos de la tierra misma como: Kancha, Imilla, Zapallu, Chujllo, quichuísmos netos hasta las tusas... Veo nacer neologismos que pululan aún en nuestro pueblo como... maistro, guagua, choclo, ñaña... Mientras arrogante y afoscado en la nobleza, camina el castellano que ha enriquecido su forma insípida bebiendo savías a escondidas de las lenguas muertas.
Regionalismos, palabrejas nacidas de la fusión Quechuo - castiza y discernidos en aluvión sobre el corazón americano, que guarda fragilmente tan valioso telúrico poder lexicográfico, que vagando por exangües caminos del inca, van muriendo por la dejadez inconcecible y despiadada de generaciones absorbidas por influjos temporales o flámulas extraídas de culturas extranjeras.
Quiero entremezclar regionalismos, como se apuña el anchi para hacer la chicha, como se mastica coca con picante llicta, entreverando el castellano con restos escondidos del profundo quichua y descubrir el curioso mundo de los Omaguacas, las desafinaciones bélicas de Uquías y Tilcaras; proyectando al futuro incierto la beldad de reminiscencias criollas surgidas en el norte patrio entre coplas encantadas, entre charleras de cajas, entre bramidos del ronco erquencho, entre quejas lúgubres de corneta.
Finalmente, introducido en el quehacer regionalista quiero vertir un concepto de lo que es, o se cree que es el colla; para algunos pobre diablo que deambula por los cerros, arriando su tropa de cabras y ovejas por rincones viejos; para otros requecho de urticante reino floreciente y puro, príncipes dormidos de los dioses incas, hermosa cobriza y callada mujer de los cerros, pucuna cantora de la quinceañera... y para nosotros los collas ¡Señor! ¡Eminencia! ¡Excelencia!

FORTUNATO RAMOS






Agregado el 10-10-2008